lunes, 30 de enero de 2012

"¿Betilícos?" No, penita de museo

Tampoco es que llevara una expectativa muy alta cuando entré por la puerta del Museo Arqueológico; he pasado tantas mañanas de domingo ahí que conozco perfectamente las pelusas y el polvo de las esquinas, las cartelas de los años sesenta, los mosquitos muertos dentro de alguna vitrina... Además, algunos pajaritos me habían contado que, como era de esperar, tampoco había habido mucho esmero en la presentación de la sala monográfica del Carambolo: mucho reciclaje expositivo y copiar-pegar.

En fin, por qué no dar una vuelta rápida por las salas antes de subir a ver el tesoro, para disfrutar una vez más de las anatomías más que agradables del imponente Mercurio y del Trajano: están tan buenos. La emoción de esos cuerpos esculturales se vino abajo rápidamente cuando, ya cerca de la salida, descubrí en una sala el rincón más triste del mundo:


¿No os da penita? A mí mucha... qué lástima de sillón sucio y regastado, de estelas solitarias, de muro machacado, de reposapiés vencido... Si tuvierais que asociar un olor a esta foto, ¿no sería pipí? Huir, ésa es la solución.

Una vez arriba, y alejada de las penosas salas del museo, ya tenía de nuevo mejor ánimo: había que subir en ascensor para visitar el Carambolo y eso prometía, "claro, como la sala es nueva, seguro que será todo moderno y limpio, con una museografía actual; hay que comprenderlo: abajo el museo es muy antiguo". Comencé la visita: lecturas, observación, interpretación... aunque había cosas que no entendía muy bien. Aaaah! ¿que hay faltas de ortografía? Eso será. ¿Me ayudáis a encontrarlas?


En fin, así es nuestro querido museo, llevado por personas más mayores y experimentadas que nosotros, los jóvenes culturillas. ¿Para qué hacer esfuerzo en la museografía y la didáctica, si tenemos la suerte de tener una colección sencillamente acojonante? Indiscutible.

                            


Fotos: Culturilla del antifaz

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