martes, 11 de septiembre de 2012

Flying Stockhausen

Hace unas semanas un amigo cantante de ópera me invitó a ver el ensayo general de Michaelion. Aunque tuviera que desplazarme a Birmingham merecía la pena, ver una nueva producción y visitar una nueva ciudad era muy buen plan y, tengo que decirlo, saber que iba a pasar unas cuatro horas en el universo Stockhausen era lo que más me motivaba.

En tal universo hay varios planetas: en uno sus habitantes sólo tienen conflictos, soledad, se han deshumanizado y se reproducen de manera casi automática, sin ninguna fascinación ante la creación de nuevas vidas. Ese mundo es oscuro y sólo tiene la electrónica como sonido. El parlamento decidirá romper las barreras que separan a los países y buscar otras formas de comunicación.
Hay otro planeta, más celestial,  en él sus habitantes tocan instrumentos musicales, se relacionan con los elementos y tienen la curiosidad de conocer algo más. Saben que hay otros planetas porque perciben su música y sus ondas y quieren sobre todo poder entrar en contacto con ellos.

Afortunadamente, el camello será el señor de tal mundo y, tras su Shoe-Shine Serenade (la verdad es que le dejaron la pezuña reluciente), cagará bolas de colores que serán los días de la semana, creando así el tiempo y el espacio, y elegirá emisarios para ir a contactar al otro mundo. Ya se sabía que era posible, pues gracias a cuatro helicópteros el planeta más terrenal llevó literalmente la música al cielo y voló con ella.

Todos los idiomas servirán para comunicar con todos los seres del universo. Todos podrán estar conectados al fin. La música será el Bosón de Higgs.



Traduction available very soon

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